27 de julio de 2012

Y me volví loco


No oigo nada. Cierro la puerta. Camino por el pasillo. Paso de puntillas frente a los dormitorios. Una música suave sale de la habitación de sus padres. Qué extraño, había dicho que estaban fuera. Por la puerta entreabierta sale una luz débil. Me acerco y abro. Junto a la ventana, repentinamente, aparece ella, ELLA. Lleva puesta ropa de su madre, una blusa de seda ligera color arena, transparente y desabrochada. Debajo se entrevé un sujetador color crema. Después, una falda larga con dibujos de cachemir. Lleva el pelo recogido en una trenza. Parece mayor, pretende ser mayor. Sonríe. Lleva el la mano una copa llena de champán. Ahora está sirviendo un poco para mí. Deja la botella en una cubitera llena de hielo que está sobre la cómoda. Alrededor hay velas y un perfume de rosas salvajes que poco a poco nos envuelve. Apoya un pie en una silla. La falda se abre por la raja, cae hacia un lado, descubriendo un botín, y su pierna, cubierta con una media fina de rejilla color miel, con ligas. Ella me espera con las dos copas en la mano y sus ojos repentinamente cambian. Como si hubiera crecido de repente.

- Tómame como si fuera ella... Ella, que no te quiere, ella, que a diario me vuelve loca intentando separarnos...

Me pasa la copa. Me la bebo entera de un trago. El champán está frío, está bueno, es perfecto. Después le doy un beso intenso como el deseo que experimento. Nuestras lenguas saben a champán, adormecidas, perdidas, borrachas, anestesiadas... Repentinamente se despiertan. Le paso la mano por el pelo y quedo prisionero de mechones apelmazados, de cabellos trabajados. Le mantengo la cabeza así, perdida entre mis manos, perdidamente mía..., mientras un beso suyo se vuelve más ávido. Del todo dueña de mi boca, parece que quiera entrar dentro de mí, devorarme, llegar a mi corazón. Pero, ¿qué haces? Para. Ya es tuyo. Ella se aparta y me mira. En realidad se parece mucho a su madre. Y me da miedo la intensidad que advierto, que no había visto nunca. Entonces me coge una mano, se levanta un poco la falda y la mete por debajo.Después la guía hacia arriba, más arriba... Con ella a lo largo de las piernas. Abandona la cabeza hacia atrás, con los ojos cerrados. Su sonrisa, escondida. Un suspiro, fuerte y claro. Lleva mi mano aún más arriba. Sin prisa, sobre sus bragas. Aquí. Las aparta un poco y me pierdo con los dos dedos en su placer. Ella suspira ahora con más fuerza. Me desabrocha los pantalones y me los baja veloz, ávida también aquí, como nunca. Y dulcemente lo encuentra. Se detiene. Me mira a los ojos y sonríe. Me lame la boca, me muerde, tiene hambre. Tiene hambre de mí. Se apoya, me empuja, tiene su frente contra la mía, sonríe, suspira, empieza a moverse con la mano arriba y abajo, perdiéndose hambrienta en mis ojos y en los suyos... Después se baja las braguitas, me da un último beso suave y me acaricia con la mano bajo la barbilla. Se pone sobre la cama a cuatro paras y se descubre por detrás levantándose la falda. Se la apoya en la espalda y se vuelve hacia mí.

- Por favor, tómame con fuerza, como si yo fuera mi madre, hazme daño... Te lo ruego, te lo juro, tengo ganas.

Y me parece increíble. Pero lo hago. Obedezco y ella empieza a gritar como no lo había hecho nunca, y casi me desmayo de placer, de deseo, de lo absurdo de la situación, del amor de aquello que no creía posible. Aún estoy ansioso de placer en el recuerdo y casi me falta la respiración...

20 de julio de 2012

¿Qué pasaría? ¿Cuál era la opción acertada?

Ahora era incapaz de concebir mi vida sin él. Me encogía ante la idea de siquiera imaginarlo. De algún modo, él se había convertido en una parte esencial de mi supervivencia, pero dejar las cosas en su estado actual... Eso era una crueldad, tal y como otro amigo me había echado en cara.

Recordé mi viejo deseo de que él fuera mi hermano. Me daba cuenta ahora de que lo que quería realmente era tener algún derecho sobre él. La manera en la que él me abrazaba no parecía muy fraternal. Simplemente era agradable, cálido, familiar y reconfortante. Seguro. Él era un puerto seguro.

Podía reclamar ese derecho, estaba realmente en mis manos.

Era consciente de que iba a tener que contárselo todo. No había otra forma de ser legal con él. Tendría que explicárselo bien para que supiera que yo no me estaba conformando, que le consideraba algo realmente bueno para mí. Él ya sabía que me sentía rota por dentro, pero tenía que revelarle hasta qué punto era así, incluso habría de admitir mi locura y explicarle lo de las voces. Él tendría que saberlo todo antes de tomar una decisión.

Sin embargo, aunque yo reconocía esa necesidad, también era consciente de que él querría estar conmigo a pesar de todo, ni siquiera se detendría a considerarlo.

Tendría que compromenterme, entregar todo lo que quedaba de mí, cada pedazo roto. Era la única manera de ser justa con él. ¿Lo haría? ¿Podría hacerlo?

¿De verdad estaba tan mal que intentara hacerle feliz? Incluso si el amor que sentía por él no fuera más que un eco débil del que era capaz de sentir, aunque mi corazón se encontrara lejos y ausente, malherido por mi voluble Romeo, ¿tan malo era?

Justo en ese momento detuvo el coche enfrente de mi casa, que estaba a oscuras. Reinó el silencio. Como tantas otras veces, él parecía estar en consonancia con mis pensamientos de ese momento.

Me abrazó y me estrechó contra su pecho, envolvíendome con su cuerpo. De nuevo, esto me hizo sentir bien. Era casi como ser otra vez una persona completa.

Mi respiración pareció lijar las paredes de mi garganta hasta excavar un agujero.

A pesar de su indiferencia y teniendo en cuenta las circunstancias, ¿no desearía mi Romeo que yo fuera lo más feliz posible? ¿No le quedaría suficiente afecto como para querer esto para mí? Pensé que sería así. No, no me echaría en cara que concediera a mi amigo una pequeña parte del amor que él no quería. Después de todo, no era la misma clase de amor, en absoluto.

Él presionó su mejilla cálida contra la parte superior de mi cabeza.

Sabía sin lugar a dudas qué sucedería se ladeaba el rostro y presionaba mis labios contra su hombro... Sería muy fácil. No habría necesidad de explicaciones esta noche.

¿Pero sería capaz de hacerlo? ¿Podría traicionar a mi amado ausente para salvar mi patética vida?

M.L.

- ¿Por qué te encoges en ti misma? Siempre lo haces cuando hablas de ellos, ¿por qué?
- Me hace daño pensar en ellos. Es como si no pudiera respirar... Como si me rompiera en pedazos...
- No pasa nada. No volveré a sacar el tema, lo siento.
- Estoy bien. Me pasa continuamente. No es culpa tuya.
- Somos una pareja muy complicada, ¿verdad? Ninguno de los dos es capaz de mantener la compostura cuando estamos juntos.
- Es patético.
- Al menos, nos tenemos el uno al otro.
- Sí, al menos nos tenemos.

3 de julio de 2012

Quería saber qué opinión tenía yo de ti

"Lo maravilloso de ella es que cuando la miras a los ojos y ella te devuelve la mirada, sientes cosas muy extrañas... Porque te sientes más fuerte y más débil al mismo tiempo, te sientes emocionado y al mismo tiempo, aterrorizado. La verdad es que uno no sabe qué siente pero tiene claro que clase de hombre quiere ser. Es como si se hubiera alcanzado lo inalcanzable y te pillara por sopresa."

26 de junio de 2012

Romeo y Julieta y Paris

Hace dos noches, disfrute un sueño normal por primera vez en mucho tiempo. Sólo efectué un vagabundeo difuso por los viejos recuerdos: cegadoras visiones brillantes de la luna reflejadas en el mar, una destartalada casita que se ve desde mi balcón, un edredón usado, una pared de espejos, una llama en el agua negra... Iba olvidando una conforme pasaba a la siguiente, las olvidé todas... Salvo la última, que quedó grabada en mi mente. No tenía sentido, sólo era un decorado escenario consistente en un balcón con una luna pintada colgada del cielo. Vi a la chica vestida con un camisón inclinarse sobre la baranda y hablar consigo misma.

Carecía de sentido, pero Julieta se hallaba en mi mente cuando me fui despertando poco a poco.

La casa estaba ahora más oscura que antes y al otro lado de la ventana se veía todo negro. Me sentía rígida, pero caliente y casi seca. La garganta me ardía cada vez que respiraba.

Iba a tener que levantarme, al menos para tomarme una bebida, pero mi cuerpo sólo quería quedarse ahí, relajado, y no moverse nunca.

En vez de moverme, pensé en Julieta un poco más.

Me pregunté qué habría hecho Romeo si la hubiera dejado, no a causa del destierro, sino por desinterés. ¿Qué habría ocurrido si Rosalinda le hubiera dado un día de tiempo y él hubiera cambiado de opinión? ¿Y qué hubiera pasado si, en vez de casarse con Julieta, simplemente hubiese desaparecido?

Me parecía saber cómo se habría sentido Julieta.

Ella no habría vuelto a su vida anterior, seguro que no. Yo estaba convencida de que nunca se habría ido a otro lugar. Incluso si hubiera llegado a vivir hasta ser una anciana de pelo gris, cada vez que hubiera cerrado los ojos, habría visto el rostro de Romeo. Y ella lo habría aceptado, finalmente.

Me pregunté si al final se habría casado con Paris, sólo para complacer a sus padres y mantener la paz. No, probablemente no, decidí, pero de todos modos, la historia dice poco de Paris. Era un simple monigote, un cero a la izquierda, una amenaza, un ultimátum para forzar la mano a Julieta.

¿Y qué pasaría si supiera más sobre Paris? ¿Qué sucedería sí Paris hubiera sido amigo de Julieta? ¿Su mejor amigo? ¿Qué habría ocurrido si él fuera la única persona en la que pudiera confiar la devastación causada por Romeo, la única persona que realmente comprendiera y la hiciera sentirse otra vez medio humana? ¿Y si él era paciente y amable? ¿Y si cuidaba de ella? ¿Qué sucedería si Julieta supiera que no podría sobrevivir sin él? ¿Qué pasaría si él realmente la amara y deseara que ella fuera feliz? ¿Y si ella quisiera a Paris? No como a Romeo, por descontado, ya que no había nada similar, pero sí lo bastante para que ella deseara que él también fuera feliz.

En la habitación no se oía otro sonido que la respiración candenciosa y profunda de Paris, como la nana que se canta en voz baja a un niño, como el vaivén de una mecedora, como el tictac de un viejo reloj cuando no se tiene por qué ir a ninguna parte... Era un sonido reconfortante.

Si Romeo se hubiera ido realmente para no volver, ¿qué importaba si Julieta aceptaba o no la oferta de Paris? Quizás ella hubiera intentado conformarse con los restos que le quedaran de su vida anterior. Tal vez esto fuese lo más cerca que pudiera llegar a estar de la felicidad.

Suspiré, y después gruñí cuando el suspiro me arañó la garganta. Estaba dando demasiada importancia a la historia. Romeo no hubiera cambiado de idea. Ésa era la razón por la cual la gente todavía recuerda su nombre, siempre emparejado con el de ella: Romeo y Julieta. Y ése también es el motivo de que se la considere una buena historia. "Julieta se conforma con Paris" nunca habría sido un éxito.

20 de junio de 2012

¿Tú crees que he perdido la cabeza?

- Ojalá pudiera despertarme...
- ¿Sigues creyendo que esto es un sueño?
- Claro. Todo procede de mi mente.
- Eso supondría que yo no soy real...
- Lo siento. Te ha creado mi imaginación. Siempre suelo soñar con un loco...
- Pues tú estás loca para soñar conmigo.
- Quizá. No te olvidaré cuando despierte.

 

17 de junio de 2012

Desconocido

¡Cuánta suerte tenía de estar sola!

Sola. Repetí la palabra con macabra satisfacción hasta que conseguí ponerme en pie a pesar del dolor. En ese preciso momento salió de entre los árboles una figura en dirección al norte, a unos treinta pasos de distancia.

Un descomunal despliegue de emociones me traspasó en un segundo. La primera, la sorpresa; estaba lejos de cualquier sendero y no esperaba compañía. Además, me sacudió una ráfaga de desgarradora esperanza cuando fijé la vista en la silueta y vi la absoluta inmovilidad y la piel pálida. La suprimí con ferocidad mientras luchaba contra el igualmente despiadado azote de la agonía cuando mis ojos siguieron bajando: debajo del pelo negro no estaba el único rostro que yo quería ver. Después vino el miedo. Ésas no eran las facciones que me hacían llorar, pero estaban lo bastante cerca como para saber que el hombre con el que me encaraba no era un excursionista perdido.

Y al final, por último, el reconocimiento.

13 de junio de 2012

Jamás iba a bastar

¡Cuánto me hubiera gustado que él hubiera sido mi hermano! Un hermano de carne y hueso, de modo que pudiera tener cierto derecho sobre él y verme libre de todo remordimiento. Dios sabía que nunca había pretendido aprovecharme de él, pero no pude evitar pensar que la culpa que sentía en ese momento quería decir que lo había hecho.

Más aún, jamás había tenido intención de quererle. Había una cosa que sabía a ciencia cierta, lo sabía en el fondo del estómago y en el tuétano de los huesos, lo sabía de la cabeza a los pies, lo sabía en la hondura de mi pecho vacío... El amor concede a los demás el poder para destruirte.

A mí me habían roto más allá de toda esperanza.

Pero yo le necesitaba a él, le necesitaba como si fuera una droga. Le había usado como una muleta durante demasiado tiempo y ahora estaba más enganchada de lo que había planeado a estar con nadie. No soportaba la idea de hacerle daño ni tampoco podía impedirlo. Él pensaba que el tiempo y la paciencia me cambiarían, y yo sabía que, a pesar de que era un error total, le iba a dejar intentarlo.

Era mi mejor amigo. Siempre iba a quererle, pero eso nunca jamás iba a bastar.

Si la matáis a ella, me matáis a mi

"Es como la gravedad. Cuando la ves te cambia el centro. De repente ya no es la Tierra la que te sostiene. Harías cualquier cosa, serías cualquier cosa por ella.
Su amigo, su hermano, su protector".

11 de junio de 2012

Di que soy un pájaro

- ¿Qué harás?
- No lo sé...
- ¿Volvemos a eso?, ¿hemos vuelto allí?, ¿qué pasa con estos días? Han ocurrido, ¿sabes?
- Sé que han ocurrido y han sido maravillosos pero también han sido irresponsables. Mi prometido está esperándome en el hotel y se quedará destrozado cuando se entere de lo que he hecho.
- ¿Así que haces el amor conmigo y luego decides volver con tu marido?, ¿es ese tu plan?, ¿fue un examen que yo no aprobé?
-¡No! Le hice una promesa a un hombre, él me dio un anillo y yo le di mi palabra.
- Tu palabra ya no vale casi nada, ¿no crees?
- Yo no... No lo sé. Lo sabré cuando hable con él.
- No se trata de cumplir tu promesa, ni tampoco de seguir a tu corazón... Es de tu seguridad.
- Bien, ¿y eso qué significa?
- ¡Dinero!
- ¿De qué estás hablando?
- Él tiene mucho dinero.
- Ahora te odio, maldito bastardo.
- Yo también te odio. Si te vas, te odiaré.
- Tú no has prestado atención a nada de lo que esta pasando,¿verdad?
-  Supongo que no, debo de haber malinterpretado todas esas señale.
-  Sí, supongo que sí.
- Estás aburrida, estás aburrida y lo sabes. No estarías aquí si no te faltara algo.
- ¡Arrogante hijo de puta!
- ¿Te quedarás conmigo?
- ¿Quedarme contigo?, ¿para qué?, ¿para estar siempre discutiendo?
- Eso es lo que hacemos, discutir. Tú me dices cuando soy un maldito arrogante y yo te digo cuando das mucho la tabarra. Y lo haces el 99% del tiempo. Sé que no puedo herir tus sentimientos porque tienen un promedio de dos segundos de rebote y otra vez vuelves a la carga.
- ¿Entonces qué?
- Pues que no será fácil, va a ser muy duro. Tendremos que esforzarnos todos los días y quiero hacerlo porque te deseo. Quiero tenerte para siempre. Tú y yo, todos los días... ¿Harías algo por mí? Por favor, imagina tu vida dentro de 30 ó 40 años, ¿cómo la ves? Si es junto a ese hombre vete, ¡vete! Te largaste una vez y lo soportaré otra si creyera que es lo que quieres. Pero jamás tomes la vía fáci.
- ¿A qué vía te refieres?, ¡no hay ninguna vía fácil! Haga lo que haga alguien acabará sufriendo...
- ¿Podrías dejar de pensar en lo que quieren los demás? Incluso olvida lo que yo quiero y lo que él quiere y lo que tus padres quieren... ¿Tú qué quieres?
- ¡Bf!
- ¡Vamos!, ¿qué quieres?
- No es tan sencillo.
-Te repito: ¿qué es lo que quieres? Maldita sea, ¿qué quieres?
- Tengo que irme...

1 de junio de 2012

No puede ser pecado

¿Saben lo que no es normal?, ¿Ustedes quieren que yo les diga lo que no es normal? No es normal pensar que hacer el amor es pecado, eso no es normal. No es normal pensar que Dios no quiere a las lesbianas y a los homosexuales, no es normal. No es normal que la iglesia oculte abusos de niños, ni que los sacerdotes no se puedan casar. No es normal la riqueza del Vaticano, ni los anillos, ni el oro, ni el dinero tirado en campañas de publicidad, ni todo ese bobato absurdo mientras 30 millones de personas se contagian de SIDA en África por no usar preservativo.

Señores, Dios nos hizo con dos brazos y con dos piernas y también nos hizo con la capacidad de amar, de querernos, de tocarnos, de sentir con la yema de los dedos un pecho acelerado por la estación y eso señores, eso no puede ser pecado.

Señores... Amar no es fácil. Y ustedes se empeñan en hacerlo más difícil y enrevesado como si no nos bastáramos nosotros mismos, como si no se bastara la propia humanidad para complicarlo todo. Señores, porque amar... Amar es entender también el rechazo, entender que te van a hacer daño, entender que vas a sufrir, que vas a llorar y es entender que las cosas son muy distintas al sacramento del matrimonio. O sea, ¿Hoy te casas y vives feliz para toda la vida? Falso. Señores, falso por muchos siglos que puedan ustedes seguir proclamándolo.

¿Saben qué creo? Creo que ustedes no saben lo que es el amor. Si algo he aprendido estos años es que si apretar un cuerpo hasta convertirse en uno... Si eso es pecado... Señores, soy un pecador. Porque el único Dios en el que creo... Es el amor. ¿Entienden? El amor.

31 de mayo de 2012

Lewis Hine

Una vez le preguntaron a Lewis Hine, un fotógrafo de guerra, por qué había elegido esa profesión. Él contestó que si pudiese contar con palabras todo lo que veía, no necesitaría cargar todo el día con una cámara de fotos. Que ciertos momentos de belleza, de desolación, de horror y de heroísmo estaban más allá de las palabras. Yo también lo creo.

Hay cosas que no podemos explicar con simples palabras. Cosas como seguir vivos, sentimientos como el amor y el compromiso o sensaciones como volver a abrazar a un amigo. Quizá por eso nuestra vida se compone de imágenes, momentos congelados en el tiempo para siempre, de decisiones que cambian sin remedio el rumbo de las cosas, de fotografías fijas guardadas en la memoria que nos recuerdan cada segundo lo hermoso que es vivir.
 


30 de mayo de 2012

El miedo.

El miedo es como la familia, que todo el mundo tiene una, pero aunque se parezcan, los miedos son tan personales y tan diferentes como pueden serlo todas las familias del mundo.

Hay miedos tan simples como desnudarse ante un extraño, miedos con los que uno aprende a ir conviviendo... Hay miedos hechos de inseguridades. Miedo a quedarnos atrás, miedo a no ser lo que soñamos, a no dar la talla, miedo a que nadie entienda lo que queremos ser...
Hay miedos que nos va dejando la conciencia, el miedo a ser culpables de lo que les pasa a los demás y también el miedo a lo que no queremos sentir, a lo que no queremos mirar, a lo desconocido... Como el miedo a la muerte, a que alguien a quien queremos desaparezca.

Y hoy he escuchado a un señor encantador que decír que la felicidad es la ausencia del miedo.
Entonces, me he dado cuenta de que, últimamente, yo ya no tengo miedo.

6 de mayo de 2012

S28A

Resultó algo atroz. Tenía la sensación de que me habían practicado una gran abertura en el pecho a través de la cual me habían extirpado los principales órganos vitales y me habían dejado allí, rajada, con los profundos cortes sin curar y sangrando y palpitando a pesar del tiempo transcurrido. Racionalmente, sabía que mis pulmones tenían que estar intactos, ya que jadeaba en busca de aire y la cabeza me daba vueltas como si todos esos esfuerzos no sirvieran para nada. Mi corazón también debía seguir latiendo, aunque no podía oír el sonido de mi pulso en los oído e imaginaba mis manos azules del frío que sentía. Me acurrucaba y me abrazaba las costillas para sujetármelas. Luché por recuperar el aturdimiento, la negación, pero me eludía.

Y, sin embargo, me di cuenta de que iba a sobrevivir. Estaba alerta, sentía el sufrimiento, aquel vacío doloroso que irradiaba de mi pecho y enviaba incontrolables flujos de angustia hacia la cabeza y las extremidades. Pero podía soportarlo. Podría vivir con él. No me parecía que el dolor se hubiera debilitado con el transcurso del tiempo, sino que, por el contrario, más bien era yo quien me había fortalecido lo suficiente para soportarlo.

Fuera lo que fuera lo que hubiese ocurrido esa noche, tanto si la responsabilidad era de mi padre, de la adrenalina o de las alucinaciones, lo cierto es que me había despertado.

Por primera vez, en mucho tiempo, no sabía lo que me depararía la mañana siguiente.

1 de mayo de 2012

Dichoso tiempo.

El tiempo pasa incluso aunque parezca imposible, incluso a pesar de que cada movimiento de la manecilla del reloj duela como el latido de la sangre al palpitar detrás de un cardenal. El tiempo transcurre de forma desigual, con saltos extraños y treguas insoportables, pero pasar, pasa. Incluso para mí.


23 de abril de 2012

VII

En el caserón oscuro del alma, deslucido y maltrecho entra luz nueva por las rendijas que el tiempo ha hecho; ya cerca de la morada donde pasarán la eternidad, los hombres se vuelven sabios, fortalecidos en la debilidad. Y al marcharse, ambos mundos ven a la vez.

17 de abril de 2012

Unos patines y un corazón.

- El hombre al que yo quería, dejó de quererme y me partió el corazón. Y cuando tuve la posibilidad de volver a ser amada, no me atreví y huí. Dejé de confiar en la gente.
- No se enfade pero me parece que hizo una tontería muy gorda.
- Temía que me volvieran a partir el corazón... Algunas veces confías en una persona que cuando las cosas van mal, se olvida de ti.
- Es que están muy ocupados... No se olvidan de ti, se olvidan de acordarse de ti. No creo que la gente quiera olvidar, es algo que pasa. Mi abuelo dice que si no tuviera la cabeza pegada al cuerpo me la dejaría en el autobús.
- Tengo miedo de que si confío en alguien se me vuelva a partir el corazón.
- Yo eso lo entiendo. Tenía unos patines preciosos pero tenía miedo de que si los usaba, los rompería. Así que los tenía en una caja y, ¿Sabe lo que pasó?
- No.
- Se me quedaron pequeños y no los estrené. Me los puse una par de veces en mi cuarto.
- El corazón de una persona no tiene nada que ver con unos patines.
- En el fondo es lo mismo. Si no vas a utilizar el corazón, ¿Qué más te da que se te rompa? Si te lo guardas para ti es lo mismo que mis patines. Cuando te decidas a usarlo ya será tarde. Hay que arriesgarse, no tienes nada que perder.
- Hay algo de verdad en lo que dices...
- Yo creo que sí. Puede que tengas el corazón roto pero todavía lo tienes... Porque sino, no serías tan chachi.
- Gracias.

25 de enero de 2012

Entre líneas

- ¿Está escribiendo una comedia?
- La escribo para usted.
- ¿Por qué lo está haciendo?
- ¿Que por qué escribo una comedia para usted?
- Sí.
- Hm, ¿No es evidente?
- No. Para mí no.
- Bueno... Está en el subtexto.
- Oh... Creo que se me ha escapado.
- No se trata de las palabras...

4 de enero de 2012

Una suricata y un jabalí.

- ¡Timón!
- ¿Si, Pumba?
- ¿Te has preguntado alguna vez qué son esos puntitos brillantes del cielo?
- Pumba... No me lo pregunto, lo sé.
- Ah, ¿Y qué son?
- ¡Luciérnagas! Luciérnagas que se quedaron atrapadas en ese techo azul y negro de ahí arriba.
- ¡Oh, vaya! Siempre creí que eran bolas de gas quemándose a millones de kilómetros de aquí.
 - Pumba... Todo lo tuyo es gas.



12 de diciembre de 2011

Lope de Vega.

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;


no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;


huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;


creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.